Con el descalabro de los máximos caudillos del movimiento de Dolores en la Acatita de Baján, los adeptos que lograron escapar del cautiverio quedaron al garete. Muchos lograron retornar al centro del Virreinato con la columna que marchó desde Saltillo al mando del licenciado Ignacio López Rayón. Para los oriundos de la región, la dificultad para reintegrarse a la normalidad fue menor, a pesar de haber apoyado al bando insurgente, pues contaban con el apoyo de familiares y de las diversas redes de interés establecidas de antemano.
